Anécdota
STEPHANIE SOPHIE ALVA
En mi cuarto cumpleaños, mi mamá me compró
un pequeño perrito chihuahueño que me recordaba a mi antigua mascota, un
ratoncito que se me escapó en la calle y no pude recuperarlo jamás, ese
ratoncito me hizo llorar por tres días seguidos o al menos eso me contó mi
mamá. Por eso decidí llamarlo Charly como mi ratoncito. Cuando fuimos a recogerlo, el perrito estaba en el
asiento de atrás así que decidí ponerlo junto a mí para acariciarlo, pero él se
alejaba y temblaba de miedo tanto como yo cuando tengo que ir a mi escuela.
Al llegar a mi casa y soltarlo, Charly se
escondió tan bien que creí que lo había perdido como a mi ratoncito, entonces
comencé a llorar; al verme triste, Charly salió de su escondite y me acarició
frotando su cabecita en mi mano.
Desde ese día, se convirtió en mi mejor
amigo, tanto que decidimos comprarle una perrita para que se divirtiera más y
tuviera con quien jugar, pero después de regalarle a la perrita, él comenzaba a
ladrar mucho y a ser un gruñón. Entonces, me di cuenta que él estaba enamorado,
sentí mucha emoción por él que comencé a
ayudarlo. Lo bañé, lo lleve a la peluquería y lo vestí a la moda. Al final,
Charly se hizo novio de la perrita y tuvieron dos cachorritos. Ahora, éramos
toda una nueva familia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario